viernes, 22 de junio de 2012

EL COBIJO DE LA BUENA SOMBRA


Sentirme más cercano al muchacho que nunca se fue, aquel que al despertar sobre mi frente viene a posarse. Quiero recordarte tal y como eres, recordarte  imaginando la puerta de huida antes de llegar, el miedo ante unos labios extraños, el silencio de quién prefiere no ser escuchado bajo el azote de la ridícula evidencia.  Recordarte inocente ahora que la inocencia adolece en mi olvido particular y resurge si te ve jugar con ella, tan ajenos, tan niños , tan únicos.

No te olvido, veo tu imagen disfrazada de sombra en la pared compartiendo latidos mientras asaltamos el cielo, repartimos el hambre y soñamos con estar preparados llegado el momento. Ahora, descansa, esto continúa, no se detiene y las manos hoy se sienten más seguras. Voy donde ella, donde ellos pero siempre contigo.

2 comentarios:

  1. Que gusto leerte de nuevo Daniel... estos textos que requieren de una digestión lenta y luz, luz que alumbre la imaginación.

    Genial

    Saludos almendrados ;)

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  2. Ojalá te acuerdes de mí.

    Desaparecí un tiempo y lo primero que he hecho al volver ha sido visitarte. Sabía que encontraría un texto genial y no me he equivocado.

    ¿Sabes? La niña de catorce años que se sumergía en tus palabras ha crecido y ahora, con dieciséis, las encuentra incluso más fascinantes. Tu nostálgico mundo de susurros familiares sigue resultándome tan cálido como el primer día. Es todo un gozo saber que sigues aquí, que no te has ido, que aún te quedan palabras que pintar en las paredes de este sitio.

    No sabes cuánto me alegra leerte de nuevo, Daniel.

    Un abrazo enorme y besos entusiasmados!

    Karla

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